miércoles, 6 de julio de 2011

Juegos deportivos nacionales y la escuela de entrenadores


Carlos Parisca Mendoza, hombre visionario del deporte venezolano, en los años 60, ante la presencia de los Juegos Deportivos Nacionales, creó la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos, con el propósito, según sus palabras, de inundar a todo el territorio nacional de Venezuela de entrenadores deportivos. Esta decisión fue una de las más importantes para darle al país los docentes necesarios para el desarrollo de programas en todas las especialidades deportivas. A diferencia de los programas de Formación del Instituto Pedagógico de Caracas, en ese entonces, la Escuela Nacional de Entrenadores proporcionaría los técnicos deportivos necesarios para los programas de desarrollo deportivo y de alta competencia implementados por las entidades deportivas federadas.
Una simple revisión al registro de entidades deportivas federadas del Instituto Nacional de Deportes, nos demuestra la existencia de más de cincuenta federaciones, que son las encargadas de la programación, organización y desarrollo de las actividades deportivas competitivas, que se realizan en Venezuela. El desarrollo práctico de estas actividades se cumple a través de una red orgánica, cuya estructura básica comienza con el atleta y los equipos deportivos, para luego ir ampliándose y haciéndose más compleja a través de clubes, ligas y asociaciones hasta llegar a su cúpula federativa.
El trabajo del día a día, en término de entrenamiento, organización de equipos y competencia, recae en un ciento por ciento en los hombros del entrenador deportivo; docente éste que tiene bajo su responsabilidad, mediante la práctica deportiva, de contribuir a la formación integral de nuestros niños y jóvenes en el contexto de una sociedad democrática, tal cual está establecido en la Constitución de la República para todo proceso educativo que se dé en el país.
Por ello, ha sido una responsabilidad del sistema democrático, la formación de los docentes deportivos, para atender las necesidades del deporte venezolano; proceso éste fundamentado en la creación de la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos, ENED, en 1960, adscrita al Instituto Nacional de Deportes, dada su condición de organismo rector.
De ese centro de formación, egresaron quince promociones con un aproximado de ochocientos entrenadores que se diseminaron por todo el país, con el propósito de fortalecer a la incipiente instrucción deportiva de ese entonces. Fue tal el éxito de este programa, que al inicio de los años 70 proliferaron las escuelas de entrenadores en los estados Sucre, Anzoátegui y Lara para continuar con los objetivos propuestos en núcleo central de la ENED.
La incorporación de más de mil doscientos hombres al mercado ocupacional generado en la actividad deportiva dio paso al surgimiento de inquietudes laborales y gremiales en pro del establecimiento de condiciones de trabajo, cada vez más favorables para los docentes deportivos.

Deporte Aborigen


El conocimiento que se tiene sobre los deportes practicados por los
 aborígenes en Venezuela proviene de las referencias que de ellos hicieron los cronistas; a partir de allí se infiere que algunos deportes eran practicados antes del arribo de las naves españolas y otros pueden ser ya producto del proceso de aculturación. En Venezuela, la expresión deportiva se caracterizó, en un principio, por la práctica de la caza y la pesca; los pobladores prehispánicos era diestros en el manejo del arco, flecha y jabal
ina, realizaban también carreras de postas en función de las comunicaciones o por competencia y efectuaban juegos que eran una invitación al combate, a la caza de animales o como forma de distracción después de las actividades de trabajo diario. En su mayoría, los juegos se llevaban a cabo en torno a una pelota, pero en varias modalidades. La primera de ellas denominada «pelota criolla», de la cual se afirma que existía en el continente americano 2.000 años antes de la llegada de los españoles. En Venezuela la observan por primera vez los europeos en 1530 aproximadamente, en la región que comprende hoy el distrito Torres del estado Lara. Según cronistas e investigadores, los indios xaguas que habitaban en esa región centrooccidental del país, la jugaban con fines míticorreligiosos, para lo cual elaboraban la pelota con el látex de un árbol llamado caucho (Hevea benthamiana, Hevea minor, Hevea rigidifolia) que era muy elástica y al menor impulso, rebotaba muy alto. Entre los guajiros de la región zuliana, se acostumbraba utilizar una pelota hecha de cuero de venado, rellena de algodón, con bastante peso, que debía ser mantenida en el aire. Entre los otomacos de la región de Apure existía otra modalidad; se organizaban en 2 equipos de 12 jugadores cada uno y comenzaban a jugar sin efectuar saques, pero un rechazo muy diestro. La pelota era de caucho, muy grande y debía mantenerse en el aire el mayor tiempo posible, pudiendo ser tocada sólo con el hombro derecho, de lo contrario se anotaba un tanto el equipo contrario; por esta razón los jugadores se arrojaban al suelo para evitar que ésta cayera y así levantarla por los aires nuevamente. Las mujeres, al terminar sus quehaceres, se incorporan al juego con una pala redonda y desde entonces, cambian las reglas, se le permite a los hombres rechazar con cualquier parte del cuerpo ya que el juego con la pala se hace muy violento. Esta especie de fútbol fue observado por los españoles también en las Antillas, con la diferencia de que allí impulsaban la pelota con las caderas, muslos y nalgas, jugándolo hombre y mujeres en ambos equipos, o formando uno de cada sexo. Los indios guaraúnos practican, en épocas posteriores, juegos heredados de sus antepasados, a los cuales se le agregaban elementos hispánicos; entre ellos se cuentan: los que se hacen con una rueda como el gato y el ratón, el acure, el tigre y los zamuros; otros se hacen en colas o hileras, entre ellos: la culebra, el simoku, el gavilán y la gallina, la casita y juegos sueltos como el salto del sapo, el topo y la casa del báquiro. Las niñas juegan a las olas, curiara, toro y a la lucha. Entre los yanomamis, los padres confeccionaban para sus niños, con cualquier madera flexible, un arco minúsculo y sus respectivas flechas, para que fuesen iniciándose en los menesteres futuros. Los pequeños se divertían con elementos de la naturaleza circundante; con el hueso del corozo (Acrocomia sclerocarpa) se hacían trompos; con la palma de cucurito (Maximiliana regia) hacían canoas con canaletes que sus padres les proporcionan. Los adultos jugaban una especie de volibol, sin reglas ni equipos; la pelota que utilizaban era elaborada con la vejiga inflada de la pereza, araguato o báquiro; lo jugaban durante las horas de descanso dándole golpes para mantenerla en el aire. También hacían careras de «cuerpo invertido», es decir que sostenían el cuerpo sobre las palmas de las manos que tocaban el suelo; y jugaban «a la guerra» con flechas viejas a las cuales les quitaban las puntas y les ponían una cabeza hecha de una mazorca de maíz o de plátanos verdes, para así jugar. Hombres y mujeres jugaban con una macana hecha con un vástago de plátano; los jugadores se pintaban de negro, entraban al patio y formaban filas, una rente a la otra; primero las mujeres pegaban a los hombres en la cabeza y luego los hombres respondías. En Turiba, poblado indígena guayanés, se practicaba un juego denominado «la caza del aro», para el cual cortaban bejucos o caña brava y hacía aros, el juego consistía en lanzar uno para que cada miembro de un grupo de cazadores, por turno, tratara de atravesar con su flecha el círculo formado por el aro.

Origen del Deporte

Cuando se aborda el tema del deporte se hace por lo corriente sin conocer sus enormes implicaciones actuales. Se le aplican esquemas, categorías e ideas que corresponden a otra época y desde luego no a la presente, en la que la práctica deportiva alcanzaba un lugar relevante. Esto no debe extrañar ni debe pensarse que tal situación nace espontáneamente. En mucho es buscada, es propiciada desde determinadas instancias, que ven con ojos poco favorables que el grado de conocimiento de las distintas facetas del deporte sea lo más reducido posible, con el fin de poder someterlo a manipulaciones interesadas. La aplicación continua de tópicos archiconocidos, la utilización constante de lugares comunes, es un magnífico instrumento para tal sentido. En franca contraposición a esto, el estudio del deporte como acontecimiento intrínsecamente ligado a la sociedad contemporánea reclama un proceso de actualización constante. Es inaceptable que las mismas categorías y conceptos con las que se aplicaba el hecho deportivo hace muchas décadas, sean hoy igualmente aplicados cuando éste ha sufrido una transformación radical. El problema se agrava si tenemos en cuenta la enorme dinamicidad y la tremenda rapidez con la que suceden los acontecimientos en el tema que nos ocupa. Esto hace que teorías y explicaciones válidas en un determinado momento se conviertan en obsoletas en breve espacio de tiempo. Esto nos obliga a construir una alternativa para el deporte que nos permita no solo desmontar el entrenado elitista y reaccionario que impide el desarrollo de un deporte para todos concebido como instrumento de educación y formación integral de nuestro pueblo sino que también nos permita la concepción de un modelo deportivo viable que pueda ser insertado eficazmente en el proceso de reforma del Estado que actualmente se está desarrollando. Para ello resulta necesario e imprescindible reflexionar sobre el papel institucional del deporte desde sus orígenes jurídico – sociales hasta nuestros días, a fin de evaluar sus logros, sus carencias y quizás lo más importante sus perspectivas, a no dudarlas promisorias.
Es reconocido con claridad meridiana que el desarrollo de toda forma de cultura física está condicionado histórico-socialmente, es decir, que es condicionalmente clasista. Para su expresión y divulgación son determinantes las ideas y los conceptos, la ideología de la clase en el poder. Ella decide los medios, amplitud e intensidad de los ejercicios corporales, determinando también el circuito de los dirigentes y de los beneficiados. Así, la gimnasia de los griegos era un privilegio de la clase dominante, siéndole prohibida a los esclavos. Los gladiadores romanos solo podían practicar para los espectáculos mortales en el "Circus Maximums" y en las Siete Destrezas de la sociedad feudal solo los caballeros podían ser activos. En sus comienzos, el deporte era una actividad de privilegios, en el tiempo del capitalismo, la burguesía se servía de los ejercicios físicos y de la educación física para lograr sus fines. Las fuerzas civiles y militares abusaron de la cultura física, utilizándola para los fines guerreristas del imperialismo. Las organizaciones burguesas deportivas en los estados capitalistas, ayuda a su manera a mantener la sociedad de clases, que se basa en la explotación del hombre por el hombre.